El verano pasado hicimos realidad uno de los viajes que llevaba tiempo rondando nuestra cabeza: viajamos a la costa oeste de Canadá en familia. Un viaje marcado por sus preciosos paisajes y por las actividades de aventura que allí hicimos.
Hace años habíamos visitado la costa este, y esta vez nos apetecía conocer el otro extremo del país, mucho más salvaje y lleno de naturaleza.
Alquilamos un coche para movernos a nuestro antojo desde Vancouver, pasando por pueblecitos de la Columbia Británica hasta adentrarnos en Alberta y las Montañas Rocosas.
Llevábamos todos los alojamientos reservados para ir más seguros y no perder tiempo al llegar cada día a nuestro destino, nos gusta comparar alojamientos familiares y elegir para cada etapa el más conveniente, si estamos en una ciudad o pueblo varios días, nos gusta más quedarnos en un apartamento que nos da más espacio.
Aquí te cuento la ruta que hicimos para que te inspire:
Día 1: vuelo a Vancouver, haciendo escala en Toronto
Día 2: Vancouver. Stanley Park y Gastown
Stanley Park es el parque más grande de la ciudad, que forma una península. Para recorrerlo al completo alquilamos unas bicis a lo Verano Azul y fuimos circulando por toda su costa, hasta tuvimos tiempo de mojarnos los pies en una de sus playitas (Third Beach). En este parque se encuentra el Acuario de Vancouver.
Por la tarde paseamos por el Gastown, el barrio más antiguo de Vancouver y uno de los más encantadores, con calles adoquinadas, farolas victorianas y un ambiente bohemio. Aquí se encuentra su popular reloj de vapor.
Día 3: Vancouver. Puente de Capilano
Seguro que has visto este famoso puente en todas las guías, aparece en todos los tops 10 de Vancouver y te puedo asegurar que merece la pena la visita, aunque esté lleno de gente. No se trata solo de cruzar un puente colgante, al otro lado hay todo un laberinto de pasarelas de madera entre los árboles para recorrer con vistas a un valle precioso.
Por la tarde aprovechamos para ir al Science World. Un museo de ciencia donde aprender en base a la experimentación muy divertido para niños y para adultos.
Día 4: Grandville Island
Granville Island es un animado enclave cultural, popular por su mercado público lleno de productos frescos, artesanía local y delicias gourmet. Ideal para pasear en familia, disfrutar de espectáculos callejeros o comprar arte.
La isla entera es una maravilla. Nos llamó mucho la atención, una tienda en la que fabricaban escobas con unos palos, que eran ramas de madera, retorcidas con nudos y de lo más bonito, dignos de una auténtica bruja. ¡Total que nos trajimos una!
Día 5: Vancouver Island. Victoria
Tomamos el ferry y nos fuimos a conocer un poquitín la isla de Vancouver y su ciudad principal, Victoria, que además es la capital de la Columbia Británica. De camino visitamos el Victoria butterfly Gardens.
Victoria es una ciudad más pequeña que Vancouver y muy inglesa, con un centro coqueto para recorrer a pie y cenar con vistas a su puerto. Nos encantó.
Día 6: Excursión para ver ballenas y pasarelas de madera
Desde Victoria salen un montón de excursiones en barco para ver ballenas. Nosotros hicimos la excursión por la mañana y tuvimos mucha suerte pues vimos una familia de orcas durante un buen rato. La tripulación del barco te va contando curiosidades sobre las orcas y otros animales marinos que se han avistado en otras ocasiones. Es muy emocionante verlas emerger del agua y volver a zambullirse.
Por la tarde fuimos a un curioso lugar, llamado Malahat Skywalk. Es una estructura de madera en mitad del bosque, vas caminando por ella a modo de pasarela subiendo pisos en forma de espiral y cuando llegas a lo más alto hay un tobogán para volver al suelo. No sé a quién les gustó más si a los niños o a nosotros.
Día 7: Whistler
Dejamos la isla de Vancouver tomando el ferry esta vez desde Nanaimo y recorrimos la costa por la Sea to Sky Highway, pasando por las Cataratas Shannon y dando un paseo por el bosque en el que se encuentran, hasta llegar a Whistler. Se trata de una estación de esquí que en verano también está llena de vida, con muchos deportes y actividades en la montaña.
Día 8: Whistler. Ziptrek
Pasamos toda la mañana recorriendo el bosque de árbol en árbol en una actividad de tirolinas (Ziptrek). Cruzas valles enteros y es muy emocionante.
Por la tarde alquilamos unas bicis e hicimos una ruta por la zona, hasta llegar a un lago que estaba plagado de ranitas diminutas.
Día 9: Whistler. Las góndolas
Subimos a las góndolas Peak 2 Peak. Es un sistema de 3 teleféricos para subir a lo más alto de la estación y cruzar de un pico a otro, de Whistler a Blackcomb. Las vistas son increíbles, pudimos ver un oso desde lo alto, y una vez arriba puedes caminar por la montaña, a nosotros nos acompañaron unas marmotas parte del camino.
Hay una extensión en telesilla llamada Peak Express, se pasa un poquito de frío porque subes más alto todavía y llegas a una plataforma, mirador de todo el valle. Merece la pena incluso en un día de niebla como el que nosotros tuvimos.
Ese día hacíamos noche en Kanloops y de camino allí paramos en uno de los lagos del camino, Duffey Lake Provincial Park, estaba cubierto de troncos caídos como si hubiesen estado trabajando allí un millón de castores.
Día 10: Revelstoke
En nuestra ruta paramos en la playa Canoe, del lago Salmon Arm, no es muy buena pero nos divertimos y descansamos un rato.
Por la tarde llegamos a Revelstoke, un pequeño pueblo con otra estación de esquí. Nuestra ruta inicial pasaba por Jasper National Park, pero justo pillamos un enorme incendio que salió en todas las noticias y nos hizo cambiar de planes.
Día 11: Revelstoke. Rafting
Una de las actividades más top en la temporada de verano es el rafting. Y ¿cómo no? Nos lanzamos a probarlo. Son 4 horas de actividad entre ponerse la equipación, briefing, transporte al lugar de inicio… Y en el agua estás como 1,5 o 2 horas. A nosotros Nos tocó un día de lluvia, pero como ya nos estábamos mojando por el río no nos importó. De hecho, el paisaje con la bruma sobre el río era precioso.
El agua como te puedes imaginar, está congelada, íbamos con neopreno, encima un forro polar, encima un chubasquero y encima el chaleco salvavidas, y aún así pasamos un poquito de frío.
Esta actividad en este lugar está recomendada a partir de ocho años y depende del caudal que lleve el río. Los rápidos eran de nivel dos y tres, en otros lugares de Alberta son todavía mayores. Disfrutamos mucho del rafting, ¡sobre todo mi hija!
Días 12: Lago Emerald y Banff
Nos pusimos en ruta hacia Banff y en el camino hicimos parada en Emerald Lake uno de los lagos más azules y más bonitos de la zona. Dimos un paseíto por su orilla en busca de fauna, pero no vimos más que aves y alguna ardilla.
Por la tarde llegamos a Banff y aprovechamos para visitar el pueblo y todas sus tiendecitas. Aquí también probamos las colas de castor, que es un postre que nos encantó.
Día 13: Lagos Louise y Moraine
Queríamos visitar por nuestra cuenta los Lagos Louise y Moraine. Pero en verano al ser temporada alta hay que reservarlo con mucha antelación para coger plaza de parking y subir luego en los buses que se habilitan para los turistas. Como no lo habíamos hecho, contratamos una excursión organizada con nuestro hotel que nos llevaba en autobús a ambos lagos y nos dejaba un ratito en cada uno de ellos para pasear por sus alrededores y hacer fotos.
Disfrutamos muchísimo la excursión, aunque estuviésemos ligados a los horarios del tour. Son dos de los lagos más populares y no podíamos quedarnos sin verlos. Son una auténtica maravilla y apetece echarle todo el día caminando por su orilla o por los bosques que los rodean.
Por la tarde subimos al mirador de Mount Norquay, ya que nos dijeron que en esa zona podían verse osos, pero nos quedamos con las ganas.
Día 14: Banff en bici y canoa
Alquilamos unas bicis y fuimos a recorrer el pueblo de Banff por la zona del río. Nos recomendaron llevar spray de osos, por lo que pudiera pasar lo llevamos, pero no llegamos a usarlo. Ni siquiera vimos alguno de lejos.
Por la tarde, alquilamos unas canoas en Bow River, y navegamos un trocito de este río de aguas turquesas como si fuésemos Pocahontas.
Día 15: Calgary
Rumbo a Calgary nos detuvimos muy cerquita de Canmore para visitar los Grassi Lakes. Hay una caminata de algo más de una hora desde el parking, son dos lagos muy pequeñitos, de un azul intenso y aguas transparentes, merece la pena la caminata por la montaña ya que estos no están tan masificados.
Por la tarde llegamos a Calgary, hicimos parada en la tienda de Crumbl Cookies, ya que mi hija en plena adolescencia nos requería probar estas galletas y paseamos por el centro de Calgary. Tengo que admitir que no nos gustó mucho la ciudad, hubiese estado genial estar aquí cuando celebran el festival de rodeo porque la ciudad en sí no nos parecía muy atractiva .
Días 16: vuelo a Madrid con escala en Montreal
Espero que nuestra ruta sirva para inspirarte si estás pensando venir por esta preciosa zona de Canadá, ya ves que hay mucha naturaleza y muchos deportes para disfrutar en familia.
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